Poetas, pequeños Dioses |
My Tongue obey´d and readily could name
Whate´er I saw
John Milton
Es alucinante pensar que el personaje de la literatura fantástica, como le llamó Borges a Dios, creara el mundo basándose únicamente en el lenguaje. También es alucinante pensar cómo un poeta puede crear diferentes mundos, partiendo de una o diferentes realidades. Y es que, según Vicente Huidobro, el poeta es un pequeño Dios. Desde que el poeta retoma el instante, está siendo condescendiente con la necesidad de crear, ya que por desgracia o fortuna, nunca está satisfecho con lo que tiene a su alcance. Pero cuidado, no hay que engañarse. Decir poema, nombrar y esperar que aparezca un determinado orden de versos en una hoja en blanco, es jugar a hacer magia, a la espontaneidad que definitivamente sólo lleva al facilismo, a creer que la poesía es una bolsa con trocitos de papel donde se mete la mano y uno saca una cuchilla de afeitar.
Para nombrar, entonces, el poeta no sólo requiere llamar algo, ordenar que ese algo llegue a uno por leyes magnéticas. Para que eso ocurra, hay que lograr una aprehensión con las cosas, con los hechos, con la cotidianeidad, con la vida. Sólo conociendo en la intimidad, por ejemplo, a la noche, al día, a la rabia y al amor, entre otras emociones, se puede nombrar, llamar, ordenar, y finalmente hacer que “el poema se arrodille ante uno”.
¿Cómo nombrar entonces a un conjunto de poemas, expuestos ahora en este libro? Le llamaremos memoria poética. Insistimos. Su nombre es preciso: memoria. No debe considerarse como una antología. Es sólo una fuente historiográfica. Una referencia tangible de una celebración, en este caso, el III Encuentro Nacional del Día Mundial de la Poesía 2006. Los poetas jóvenes en esta tercera edición, tienen la función de nombrar y crear. Ustedes, los lectores, están destinados a juzgar, afirmar, apropiarse o simplemente, negar.
Los compiladores.
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